martes, 5 de febrero de 2013

El bosque de los sueños- Cuento

Eran alrededor de las 6 de la mañana, faltaban unas horas para amanecer y era la hora de levantarse. Empezó su y todo parecía ir bien, era un  como todos, sin ningún cambio, monótono y aburrido. Ya se acercaba la hora y tendría que salir, no le agradaba la  de llegar tarde a su colegio. 
Puntual como siempre, salía de su casa, abrió la puerta y se encontró con una neblina que no dejaba distinguir mucho… Sin darle importancia, cerró la puerta y comenzó a caminar, pero en el momento de cruzar la calle no parecía la plaza que estaba allí desde hacia años, solo divisaba árboles, lúgubres y tenebrosos… Camino unos metros y se dio cuenta que ese lugar no era el que ella pensaba, con un poco de miedo que le transmitía el lugar, volvió, parecía no entender mucho de lo que ocurría. Creía estar en el medio de un bosque enorme que a simple vista no tenia final. Detrás de ella aparecía la neblina otra vez, decidida a volver a la casa, quiso ir en dirección hacia ella, pero solo encontraba más árboles, era todo lo que lograba ver. 
Comenzó a caminar en dirección contraria de donde estaba su casa o, mejor dicho, donde debería estar. Solo quería salir de allí pues en ese lugar podrían reflejarse los miedos más grandes de cualquier ser humano. La luz de la bella luna creciente lograba alumbrar a duras penas aquellas tétricas siluetas. El frío recorría su espalda y en ese momento fue en el que más deseaba encontrarse nuevamente en su casa, estaba comenzando a sentir que no habría forma de salir de allí. 
Ya no tenia noción del tiempo, no recordaba horarios ni lugares siquiera sabía a donde debería ir. Empezó a caminar, con un poco de optimismo pensó que de alguna manera si seguía, encontraría una salida. Aunque seguía rodeada de esa espesa arboleda. En un momento, algo rompió con ese silencio, empezó a escuchar aleteos pero no quiso investigar, mantuvo la calma e hizo oídos sordos a aquel animal, si es que de un animal se trataba… Era tan espantoso que ya no sabía que podría encontrarse dentro de ese bosque. 
No sabia cuanto tiempo había vagado, no amanecía, parecía ser una noche eterna allí dentro. De repente se alarmó al escucho como si alguien o algo hubieran hecho algún ruido, pero luego diviso a un murciélago que rondaba por esa zona, sin darle importancia miro mas arriba y volando pudo ver a un cuervo, creía que la seguía pues lo había escuchado su aleteo antes ya que estaba volando hacia un rato ya cerca de ella. No le molesto y retomo su camino. 
Entre tanto algo hizo reflejar la poca luz que brindaba la luna, y le dio directo en los ojos, se fijo entre los arbustos y allí estaba una copa, plateada, parecía antigua, tallada, era bella pero la dejo ahí, después de todo ¿de que le serviría? Al paso del tiempo – si es que allí corría el tiempo…- volvió a encontrarse algo, algo duro, como si fuera de metal, estaba frió, y parecía que estaba allí hacia mucho tiempo, se encontraba en mal estado y estaba cubierto por una pequeña cantidad de tierra. Se agacho a agarrarlo y fijarse que podría ser. Había encontrado una llave que a simple vista aparentaba ser de cobre, pues lucía un color marrón oscuro, en algunos lados estaba oxidada, e incluso tenia tierra, definitivamente era antigua, y hacia muchos años que alguien la había olvidado allí, le aprecio medio rara así que la recogió, le saco un poco la tierra, la introdujo en uno de sus bolsillos y siguió su camino. 
Paso tras paso, la noche se tornaba mas fría, se sentía sola, desprotegida y aterrorizada, sus pies se movían por inercia, hasta que lo escuchó, escucho aquel maullido que se le hizo tan familiar… Siguió el sonido, hasta que lo encontró. Era un pequeño gato y sus facciones era idénticas a su preciada mascota Kon, era negro, tenía su cola larga y peluda y era bastante pequeño en comparación a otros gatos pero este a diferencia del suyo tenía una gran mancha blanca que recorría desde el mentón hasta el estomago y otra que ocupaba la punta de su pequeña cola. Lo miro con ternura y el animal al verla ceso sus alaridos, se agachó lentamente y lo acarició, aquel empezó a ronronear. Ella lo alzo y retomo su caminata mientras le brindaba caricias. Ya no tenía tanto miedo, el cuervo seguía, y el gatito no maullaba pero la miraba atentamente, no estaba sola, ellos la acompañaban. 
Mas adelante, a unos metros logro divisar una cabaña, parecía vieja y deshabitada, no tenia luz y tenia un vidrio roto, algunas maderas estaban podridas, y no deseaba entrar a husmear era algo tétrica, pero aunque sabía que no debería hacerlo, algo en su mente la impulsaba a adentrarse allí. 
Subió con mucho cuidado tres escalones que hacía la diferencia entre la puerta de madera –la cual se encontraba en tan mal estado como la cabaña misma- y el suelo. La puerta estaba cerrada, miro la cerradura y le hizo acordar a aquella llave que se había encontrado hacía unas horas atrás. La probó en la cerradura y aquellas encajaron a la perfección. Entro y se encontró con una habitación cálida, la leña estaba encendida dentro de la chimenea, había un candelabro con velas ya demasiado consumidas y un sillón algo maltratado con el tiempo, del otro lado se veía una puerta que estaba entreabierta y su interior no era mas que oscuridad. De un momento se empezó a sentir observada, creía que no estaba sola, miro hacia todos lados, se tranquilizó al ver solo la pared y su reflejo en un espejo que se encontraba a su derecha. Cuando pensó con algo más de claridad, decidió salir de allí antes de que hubiera problemas. Tomo su llave, cerro la puerta y se alejo. 
A poco tiempo de pasar la casa volvió a toparse con algo, pero esta vez no era un animal, ni tampoco una choza vieja, era un anciano, parecía tener alrededor de unos sesenta años, él la miro con indiferencia y ella seguía caminando, ninguno paro, como si ninguno tuviera deseo de entablar conversación alguna. 
Todo tornaba para mejor, parecía que mientras mas caminara había más luz, como si hubiera una parte de aquel bosque no tuviera árboles. Al acercarse, noto un lago, pero no parecía agradable, era grande, el agua oscura, y no parecía tener fondo, como si fuera tan profundo que no sabrías cuantos metros habría allí abajo, inclusive parecía que algo podría habitar dentro, no había mas que una inmensa cantidad de agua completamente negra. Lo rodeo tratando de esquivar alguna serpiente o araña que se ocultara entre las ramas y las hojas resecas que caían durante el otoño. 
Por fin veía más que árboles pero no era nada alentador, se había topado con una pared, que terminaba por bastante más alto que su cabeza. Para los costados, no parecía tener fin, era muy alta y de ladrillos, demasiado dura para poder romperla. Mas allá de ella no parecía haber árboles, pero aun así no lograba entender bien que había detrás del muro, era muy alto después de todo. Trato también de treparse al árbol pero no lo logro, era demasiado difícil para hacerlo. Seguía pensando que hacer. El cuervo volaba sobre el muro, como si esperara a que ella cruzara, y el gato negro se había trepado a un árbol, y caminaba sobre el borde, moviendo la cola alegremente, parecía que ambos esperaban que ella decidiera como cruzarlo. Se trepo a un árbol, y trato de saltar pero en aquel momento, resbaló y callo, aunque esperaba caer, algo ocurrió... Sobresaltada abrió los ojos, estaba confundida ¡Estaba en su habitación! 
-Solo fue un sueño Clara, un sueño y nada mas…- Así fue o al menos, así parecía. 
Estaba en casa, eran las 6 de la mañana y todo era normal, su gato negro estaba dormido en los pies de su cama. Automáticamente tomo a Kon de las patas delanteras y lo alzo dejando al animal colgando de sus manos, aquel era completamente negro, lo abrazo, lo acaricio y lo soltó nuevamente en los pies de la cama. Largo un suspiro de alivio. Afuera veía volar pájaros, entre ellos, vio uno del mismo color que su gato, le pareció curioso, se parecía a un cuervo. Creía que era todo una coincidencia. Pero tocar debajo de la almohada pudo percibir algo, duro, frió, era una llave de cobre, antigua, oxidada, y estaba cubierta por restos de tierra…

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